domingo, 27 de julio de 2008

las dudas y el secreto: "higiene del asesino" (no. 21)

a lo largo de poco menos de doscientas páginas me encuentro con el cuello tenso
los ojos muy abiertos
devorando diálogo tras diálogo
las últimas hojas parecen disolverse entre mis dedos sin poder llegar a lo definitivo
el bibliotecario me ha repetido más de una vez que están a punto de cerrar
la lluvia torrencial se estrella contra los amplios ventanales del segundo piso
como queriendo averiguar también qué sucede al final...

salgo de la biblioteca sin hacerle tanto caso a la lluvia
en mi cabeza se agolpan imágenes imprecisas
pero todas latiendo bajo el mismo título:
"higiene del asesino"
higiene del asesino
de Amélie Nothomb

son imágenes saturadas
de una violencia intelectual
todo se tiñe de una brutalidad cada vez menos sutil
recuerdo las palabras
frases pronunciadas por el premio nobel de literatura Prétextat Tach:
octogenario
obeso
misógino
solitario
obeso
violento discursivo
brillante
soberbio
obeso
confinado a una silla de ruedas
(debido a su obesidad)
prepotente
megalómano
inteligente
misántropo
y
obeso

todo en mi mente son preguntas y respuestas
las preguntas de los cinco reporteros seleccionados para entrevistar al gran escritor
pronto a morir a causa de un cáncer extraño
imagino a los reporteros
estúpidos
impertinentes
ingenuos
audaces
indiscretos
presuntuosos
estúpidos
desfilando ante el premio nobel
con su inepta juventud a cuestas
recuerdo las respuestas de Tach
lanzadas a su objetivo con un filo voraz
con un humor irresistible

la lluvia me golpea
como las frases del viejo obeso debieron haber golpeado a los reporteros
de forma limpia
limpísima
con todo el poder de las palabras precisas y justas
-la proporción es aniquiladora-

pienso otra vez en el título de la novela
higiene
del
asesino

y la cabeza se me llena de violencia real
entonces llamada Guerra del Golfo
de violencia intelectual
traducida en la parafernalia literaria de etiquetas y categorías
en los círculos seudointeletuales donde cada cual se disputa un lugar
a cuesta de cualquier cosa
en la lectura torpe
donde al cerrar el libro nada se ha comprendido
y todo se ha olvidado
pienso en la buena fe y en la mala fe
de las que tanto hablaba Tach inspirado en sus diálogos (¿imaginarios?) con Céline
intento asimilar esa generosidad extrema
ese envenenamiento de las palabras/del alma/del espíritu
en beneficio del prójimo
considero por un momento la idea del asesinato:
evitarle al otro/la otra toda una vida de abyección

todos somos asesinos
sobre todo los escritores
especialmente los premio nobel
asesinamos a los demás
todos los días
los olvidamos/nos son indiferentes
el olvido es un mar gigantesco
en el que sólo navega un gran buque que es la memoria
y de él arrojamos cualquier nombre
cada día:
insistía el viejo escritor obeso, quizás ya muy exasperado

pero no es sólo el olvido
es
al menos en Prétextat Tach
una exquisita misantropía
en contraste y complemento con su obesidad
y detrás de ambos
el peculiar y a veces terrible secreto que todos tenemos
o inventamos

después de la higiene del asesino
sigo caminando bajo una lluvia que empieza a ceder
pero dentro de mí, la tormenta de dudas se desata:
¿dónde estoy parada entre la buena y la mala fe?¿cuántos nombres se suman a mi lista de olvidados?¿qué tanto de lo que leo, lo leo sin leer?¿cuál es mi secreto (inventado o no)?


"la higiene del asesino" es la primera novela de amélie nothomb, publicada en francés en 1992 y traducida al español en 1996
imagen: "hombre contemplando" de rufino tamayo

jueves, 24 de julio de 2008

sobre "la imposibilidad de hacer arte superior" (no. 20)

alcancé, creo, la plenitud del empleo de la razón.
y es por eso que me voy a matar.

a modo de un libro de memorias
desordenadas, dispersas, con pocas fechas y muchos vacíos
tal cual es la memoria en sí
se va desdoblando

la educación del estoico.
el único manuscrito del barón de Teive
/heterónimo de Fernando Pessoa/

la decisión del suicidio está tomada
en una gaveta, el barón deja una serie de escritos/notas/aforismos/frases/párrafos
textos regidos bajo el signo de la vacuidad/vanidad
descendió sobre nosotros la más profunda y la
más mortal de las sequías de los siglos -la del
conocimiento íntimo de la vacuidad de todos los
esfuerzos y de la vanidad de todos los propósitos.
con esta afirmación inicial
el barón de Teive se escribe a sí mismo en la página
no para dar cuenta de su vida
sino para explicar por qué nunca logró escribir las obras que no escribió

alcancé la saciedad de la nada, la plenitud de ninguna cosa [...]
nada puede ya transformar mi vida. si... si... sí,
pero se es siempre una cosa que no aconteció, y si no aconteció,
¿para qué suponer lo que sería si fuese?
y esta incapacidad
asumida absolutamente
manifiesta en aspectos ulteriores a la escritura
es la que tiñe las palabras sus palabras con la brutal arrogancia de quien sabe que su mayor orgullo es no tener más nada que perder

pongo fin a una vida que me pareció poder contener todas las grandezas,
y no vi contener sino la incapacidad de quererlas.
si tuve certezas, siempre recuerdo que todos los locos las tuvieron mayores.
tengo todas las condiciones para ser feliz,
salvo la felicidad.

son pocas las anécdotas/muchas las reflexiones
a través de las cuales se configura el pensamiento de un hombre tan resuelto como el barón de Teive
pensamiento asumido como superior
superioridad como causa de su muerte

desde que existe inteligencia,
toda la vida es imposible.
el sueño, cuando demasiado vívido o familiar, se vuelve
una nueva realidad; tiraniza como ella; deja de ser refugio [...]
repudié el sueño como un vicio de colegial o de loco. pero
repudié también la realidad o antes, ella me repudió, no sé
por qué -por incompetencia, o por desaliento, o por incomprensión.
no serví para ninguno de los dos modos de gozar
-ni para el placer de lo real, ni para el placer de lo supuesto.

desdeñando hasta el más mínimo hálito de cualquier cosa que no sea razón
el barón llena su vida breve de una vacuidad plena
de una esperanza sin esperas

no es el dolor moral el que me lleva a matarme;
es la vacuidad moral en que el dolor se asienta.

como nada hice de mi vida, no tengo de qué acordarme
con nostalgia [...] nunca tuve nostalgias. no hay época
de mi vida que no recuerde con sinsabor. en todas fui el
mismo -el que perdió el juego o desmereció de la poca
victoria. tuve sí, esperanzas, porque todo es tener
esperanzas o es muerte.

para llegar al punto donde su orgullo cae tan bajo
que se erige en el punto más alto de su pensamiento

mi orgullo, sin embargo, nunca soportó que yo me
permitiese menos de lo que mi inteligencia podía hacer [...]
sólo toma parte en la vida real del mundo quien tiene
más voluntad que inteligencia, o más impulsividad que razón.

y el barón de Teive no se admite como un romántico
ni como ser humano
ni como esos hombres que hacen de propia tragedia
impulso de la tragedia universal:
tales actitudes no tienen cabida en una inteligencia como la suya
pero
sin embargo
vuelve la contradicción a hacerse en su alma

cuánto no bajaría yo frente a mí, y, en justicia,
delante de todo y de todos, si dijese ahora que
la primavera es triste, que las flores sufren, que
los ríos gimen tristezas, que en la propia canción
de los campesinos hay angustia y ansia, ¿por qué?
-¡porque álvaro coelho de athayde, décimocuarto
barón de teive
descubrió con pena que no puede escribir los libros que quiere!

hay pena, pero al igual que la muerte
es una pena asumida
circunscribo a mí la tragedia que es mía.
la sufro, pero la sufro cara a cara, sin
metafísica ni sociología.

me confieso vencido por la vida, aunque no me confieso abatido por ella.

y una derrota siempre victoriosa

confesándome vencido, me instituyo vencedor.

citas tomadas de "la educación del estoico", fernando pessoa, emecé, 2002.

miércoles, 16 de julio de 2008

principio del deseo: "bajo un manto de estrellas" (no. 19)

en esta casa todo es legítimo,
empezando por nuestros deseos.

principio del deseo: cómo empezamos a desear
deseamos lo que vemos todos los días, sin más
sin menos
en manuel puig el deseo se reformula a razón de otra constante:
la legitimidad del deseo volcado en los sentidos
en la memoria del cuerpo/de la piel
la memoria del tacto/de las sensaciones
la memoria del eterno deseo/de la siempre espera

dueña de casa:
en esta luz dorada, de las cuatro de la tarde, la que no deja olvidar. estábamos aquí mismo esperando

en "bajo un manto de estrellas"/pieza en dos actos
los personajes carecen de nombres propios
porque ellos no importan
lo único que importa son sus deseos y el pasado: un accidente, la muerte

son el dueño y la dueña de la casa,
esperando la llegada de la sirvienta que acaban de contratar,
esperando el cumplimiento de un secreto íntimo que sólo ellos conocen
esperando la llegada de su hija que ha salido al campo,
la hija adoptiva/adoptada,
enamorada/enamoradiza que se pierde a la mitad de sus delirios
en el laberinto de un solo deseo que dé sentido a su vida:

hija:
[...] era la primera vez que yo lo veía, pero tuve la sensación exacta de que ya antes lo había encontrado, y perdido, y que era eso lo que me había agitado siempre la existencia, como un mar encrespado por la luna
deseamos lo que no tenemos
la pérdida de la no-posesión nos estremece en lo cotidiano
sorprendentemente
en las cosas sencillas
la memoria de la hija, es una cosa sencilla que viene a detonar las alucinaciones familiares tan a flor de piel
tan ansiosas por surgir y plantarse en medio de la elegante sala de la casa de campo estilo post-art-nouveau y pre-art-déco
ella confiesa como si fuera algo vivido a plena conciencia

hija:
[...] en la oscuridad cerré los ojos y vi un lago, de un líquido azul claro que siempre había querido... ¿beber? ¿o flotar en él? un azul brillante, con ribetes más brillantes todavía. o era una piedra preciosa la que veía, una enorme agua marina, dentro de la cual yo nadaba. entonces él, que estaba perdido, cambió de voz, de pronto parecía contento, y me dijo que lo siguiera, porque había otro lugar mejor todavía, y no me lo podía imaginar. yo conocía el mundo entero, que era esa piedra preciosa, pero él me dijo que me estaba olvidando de algo, de los paisajes que había dentro de mí, montañas oscuras de odios, selvas de dolor donde se infiltran rayos de luz, como dudas, y otra vez el lago, pero ahora está dentro de mí, y tiene que ser otro quien se sumerja, dentro de mí, para apreciar la frescura del agua.

el novio la ha dejado para comprometerse con otra chica
y ella recuerda aquel primer encuentro
donde ya sabía que lo había perdido
pero la sublime confesión se ve interrumpida por la llegada
¿inesperada?
de el y la visitante
pareja vestida extrañamente con un atuendo de los años 20's
y en cuyas figuras habrían de ser reencarnados los deseos de cada miembro de la familia:
en la dueña de la casa, la espera eterna del amante evasivo

dueña de casa:
[...] mi miedo mayor ahora es que el infierno sea eso, esperarte eternamente sin que llegues jamás...
el abandono de su único amor verdadero
una añoranza por recuperar, al menos, la ilusión de que algo en ella continuaba vivo
aunque sólo fuera la sensación más mímina de estar todavía viva

dueña de casa:
[...] siempre me dio miedo esta hora, la muerte del día. porque no es cierto que el sol siempre vuelve a despuntar, las cosas algún día mueren.
[...]
era la primera vez que yo te veía, pero tuve la sensación de que ya antes te había encontrado, y perdido.

los recuerdos de la dueña de casa y su hija adoptiva
empiezan a mezclarse en el juego perverso y dulce de los recuerdos entrañables
porque no importa quién ha amado sino la sensación de haberlo hecho
sensación compartida y volátil
arraigada a la imaginación/idealización del objeto añorado
resbaladizo/engañoso/inasible
como nuestros deseos

el visitante:
[...] porque... la verdad -por esta vez- pude haber escapado a tu imaginación.
y ese escaparse es recordar
es dejarse vencer por lo que nos empeñamos en creer que es verdadero
y en olvidar aquello que pudiera opacar la ilusión de la que somos esclavos a voluntad

hija:
no... al entrar tú por esa puerta me olvidé de muchas cosas.
lo que era entes bello para mí, dejó de serlo, si no está de algún modo ligado a ti.
los personajes cambian
son asesinados
desaparecen
nada importa
porque siempre regresan representando otro papel
con otra ropa, pero con el mismo poder del deseo impreso en la mirada
con el único objetivo de reactivar la memoria corporal del otro
del que vive en la medida en que desea e idealiza

médico:
eso me temía, a mí siempre me imaginan mejor de lo que soy.

las cosas nunca vuelven a ser las mismas una vez que las hemos querido devorar
siempre hay un querer-más
aunque nunca se haya tenido nada
siempre permanece, después de todo, la espera

dueño de casa:
un ama de casa, con un secreto íntimo, siempre esperando que se repitiese el milagro.

la espera y la legitimidad de nuestros deseos.


citas tomadas de: "bajo un manto de estrellas" de manuel puig, seix barral, 1983.
imagen: "adán y eva" de tamara de lempicka.